jueves, 4 de diciembre de 2014

sueños

La agonía de vivir. ¿Quién no la ha padecido? Soportar el transcurrir del tiempo y nada más. Olvidar cómo reir, cómo sentir felicidad. 
Todos lo hemos sentido. Quizás sea parte de la naturaleza humana, hacer de lo más sencillo, de lo más insignificante un océano de lágrimas que arrastre todo a su alrededor: el fin de mundo. El fin del mundo es agonía pura, es dolor permanente, es contar las horas, los minutos, los segundos para refugiarse bajo las sábanas a soñar. Soñar es escapar a de la realidad que apenas podemos soportar. Despertar es morir en vida. O al menos así fue por mucho tiempo.
Nadie disfruta de tener pesadillas. ¿Qué ocurriría si soñaras con el famoso apocalipsis zombie o la más probable invasión extraterrestre? Puede parecer algo divertido, pero experimentarlo en sueños, con esa sensación de realidad tan vívida, puede también devenir en una experiencia desagradable y un despertar agitado. Sin embargo, ha sido para mí este un sueño tan recurrente, tan extraordinariamente repetido que el miedo, a pesar de la sensación de realidad, se ha ido borrado con el tiempo. Me he probado a mí misma ser más valiente de lo que creía, ser más guerrera de lo que suponía. Con el tiempo las pesadillas dejaron de parecer un problema, se convirtieron en sueños. 
Algo inexplicablemente similar ocurría paralelamente en la realidad. Dejé de sentirme débil, de sentirme inofensiva y me convertí en alguien de una fuerza interior extraordinaria, que por supuesto podía sentir gran tristeza, pero que podía superar lo que fuera con un poco de ayuda de mi paciencia y de mis genes. 
Escapar a los sueños era nada más que vivir una aventura mejor y más entretenida de lo que en realidad sucedía. Resulta que había sido un año increíblemente agotador. Sentir había quedado en el pasado, apenas y me restaba tiempo para los sentimientos cuando empecé a tener otra clase de sueño recurrente.
Todas las noches es el mismo sueño que convirtió la realidad en el escape del horror de mis sueños. Y no se confundan, por favor, no me malentiendan: despierta soy muy feliz. 


lunes, 3 de diciembre de 2012